martes, 29 de enero de 2008

esto mejora el trajin de cualquier dia

Yo: Un saco de lana de muchos colores, una clase de tela hindú naranja en mi cabeza que junto con mi cabello rojo me hace ver algo holandesa dicen mis amigos, y un vaho de cansancio que desprendían mi mirada y mis movimientos lentos.

Sidautos es el único bus que me deja en la puerta de mi casa desde la universidad. Es impecable, amplio, con ventanas enormes y dos filas de sillas en cada flanco con capacidad para máximo 20 personas. De resto que se vallan de pie los pasajeros. Es por esta extravagante razón (ya que nunca hay puesto libre) que me siento en las escaleras que dan a la salida del bus, justo debajo del letrero “prohibido sentarse en las escalera”. Nadie lo hace, así que esta siempre libre para mi y mi seguridad de que ninguno de los decentes paseantes me dirá nada. La puerta es de acrílico o metacrilato, así que veo las calles a mi antojo, casi podría decir que las se de memoria; Pero las miro igual, ya con algo de cariño. Es mi “carro”.

El bus es perfecto, de hecho tiene un letrero en la parte del frente donde esta el conductor que exhorta a no hablar con él. Sí que nos creemos europeos pensé la primera vez que lo vi… efectivamente, tiene la barra para que la gente de pie se agarre a una altura de tres metros, obviando el honroso promedio de la estatura colombiana.

Esta vez del otro lado de las escaleras alguien me acompaña a irrumpir la salida, demasiado bien vestido y mustio, alguien que tiene una sonrisa íntima pero notoria. Luego de un rato saca un cuaderno, escribe, rompe una hoja, escribe… No pasa de ahí la hora y pico del viaje. Se levanta y timbra. Se abre la puerta filtrando un frio demasiado frio que llena el lugar de los que se bajan y que no escuchan mi rápido, me estoy congelando. Justo antes de que las puertas cierren un toma estentóreo me hace ver al muchacho que me mira y alarga un papel doblado. Gracias reacciono.

Miro y todos parados luchan para no caerse en el arranque del bus. Leo.

me bajo a unas siete cuadras de mi casa ya es demasiado pugnar por el oxigeno del atestado bus como para agregar la ternura que emana de mi. Me siento a fumar en un banco, releo y trato de reproducir las impresiones del viaje, de encontrar algún gesto delator, una mirada oblicua o un acercamiento. Nada. Solo la sonrisa, es mìa calo conmovida y halagada como no entenderan. Por eso no publico el mensaje. Quiza luego.

y es que tengo un sentimiento de propiedad egoista con respecto al mensaje...