sábado, 28 de abril de 2007


dudo. No se si bajar por el ascensor o mejor bajar por las escaleras. Oprimo un botón blanco apenas oigo pasos, entro a esa mini nave, escucho como baja y me miro refleja en el metal.

- buenas noches-
- buenas noches- salgo rápidamente del edificio, pienso “huevos, no, pan, leche, cigarro”.

La lluvia me recibe, a dos cuadras está la panadería, me apresuro, lo dejo todo en la portería, me alejo, por fin sola! No siento el frío ni el agua que debió comer mi ropa, tengo monedas para el cigarro, ya me esta molestando el caer insistente de la lluvia, quiero fumar, sentarme en algún anden y llorar, pensar en todo, en ti que ya no sé si quiero verte, en mi, en todo, en el cigarro de compás desentonado al singulto y sollozo.

Camino, no compro el cigarro pero las ganas están que canjean, todo esta cerrado ¿Qué tan santo es eso?

Ya estoy mas sosegada, debe ser la lluvia que en contraluz a las luces de los carros y postes me hacen sentir en un cuadro de Rendir.

Camino, tomo un carro hasta la 147 con 7○, compro dos galletas, salgo y las como mojándome con toda esa garúa en mi cara. Saludo a uno o dos sin mirar, quiero llorar un rato pero hay ruido en todo lado, y gente y carros y yo por dentro.

Llego a mi casa, quiero dormir en vigilia, no fumé, no lloré, no hice el amor (si es que era amor) y ya no quiero verte, no quiero ahora nada, solo fumar y eso, leer un poco pero no encuentro mi libro, amor pero siempre que tengo la pequeña ilusión siempre se falso, es así, asa, eso…

¿Cuándo me bajo o donde entro para ya terminar con el amor (si es que..), de lo que ya no quiero? Por alguna razón ya solo quiero estar sola.

Que cantidad de suspiros. Recuerdo a cada instante la imagen metálica, y siento algo y veo esa pequeña mancha roja, la recuerdo y tengo miedo y más de no saber que forma o color tiene el objeto temido.

Peligro de una relación basada en la contemplación nocturna: falta de reconocimiento del personaje dilecto en las horas matinales.

- te ves diferente. No pareces tu cuando hablas.
-…
- Tampoco cuando escribes.



Dejarte


Trémula. Miró al cielo que reflejaba en su rostro el frió indecente y suspiro. Arrugo el papel de oro por el crepusculo, dejándolo caer como si nunca hubiese estado sostenido. Se flexiono un poco, se levanto y sin devolverle al viento su mirada presiono sus zapatos negros una y otra vez hasta fundirse con el horizonte y ahogarse en el sol.



viernes, 27 de abril de 2007

de cabo a cabo tu boca

• conocerte es como tocar con la lengua pétalos en un pozo.
• Con la punta de mi lengua toco los pétalos de tu pozo.
• Pétalos en mi lengua por conocerte en un pozo.
• conocerte es como meter la lengua en un pozo de pétalos.
• En un pozo de pétalos te toco con la punta de mi lengua.
• Besarte, pétalos, conocerte, pozos.

jueves, 26 de abril de 2007

dios , libre y esclavo por un instante


Acerco su mano a mi rostro, me acariciaba mientras se acercaba mas y mas, entrelazamos nuestros labios y jugamos a querernos y ya no entrábamos el uno en el otro si no que los dos entrábamos mas en nosotros mismos. Querer en el otro al mismo.

El olor a metal y sal del lugar ya se había desparecido, pero el ruido había aumentado y por alguna razón nos sentíamos escondidos en ese ruido, como si una cortina de chines de metales lijados y crujidos de maquinas nos cubriera del tiempo, de los lugares, del hombre en su mas adentrado ser. De esto más que de cualquier otra cosa, queríamos olvidarnos de que éramos hombres, cuerpos, razón. Quizás por eso se cierra los ojos al besar, porque se es demasiado no humano como para creer que se puede ver. Las caricias se convirtieron en contemplaciones fuera de los espacios y todo en un ritmo, la boca, las manos, el corazón. Analicé una noche después, entre melopeas arrulladoras y sus pies fríos recostados en los míos, que esa es quizás la voz de dios y no ese ruido trompetoso que tanto le adjudica la Biblia.

En las noches nos convertíamos en energúmenos, nos reíamos en el amanecer y planeábamos con códigos labiales, mensajes visuales y panfletos en braille la muerte de nuestros humanos que se creaban en el día. En la fábrica nos miraban, siempre pendientes, farfullando, aunque como lobos, nos escondíamos y escapábamos de sus ojos. Nunca nos importo su crítica, pero disfrutábamos viendo como ellos envidiaban nuestros escondites y nos miraban cada vez que deveníamos en silencio, para ellos.